viernes, 20 de enero de 2017

KATAME-WAZA (固め技)

NAGUE-WAZA (投げ技)

GOKYO (1895):

En 1895 el Kodokan establece el Gokyo, con 42 técnicas, con el fin de facilitar y mejorar la enseñanza y aprendizaje unificado del Judo: (Pincha en la técnica para verla)


GOKYO (1920):


En 1920 se efectuó una rectificación del citado Gokyo, excluyendo ocho técnicas por considerarse peligrosas (Obi-otoshi, Seoi-otoshi, Yama arashi, O-soto-otoshi, Daki-wakare, Hikikomi-gaeshi, Tawara-gaeshi, Uchi-makikomi) y añadiendo otras seis (las que están en COLOR ROJO en la tabla siguiente); en total 40 que es, en esencia, el actual GOKYO que todos conocemos. (Pincha en la técnica para verla)

                                          

En 1983 el KODOKAN incorpora nuevas técnicas y aclara los conceptos de todas ellas. (Pincha en la técnica para verla)
Quedan, por tanto, estableciendo en 67 las técnicas básicas que comprende el NAGUE-WAZA; esto es,  las 40 del GOKYO de 1920,  más las 19 técnicas nuevas incorporadas en 1983, junto con las referidas ocho técnicas prohibidas en el Judo deportivo tras la revisión de 1.920; pero que, sin embargo, se mantienen incorporadas al GOKYO por motivos estructurales.

¿POR QUÉ ENSEÑAR LOS FUNDAMENTOS? Por José Alberto Valverde 8º Dan de Judo.


Tras más de 50 años de práctica sigue siendo para mi una sorpresa ver a jóvenes de 16 o 17 años, con cinto marrón, llegar a la preparación de 1er dan y ser incapaces de verbalizar una explicación coherente sobre los fundamentos del judo. Y la sorpresa es mayor cuando se desenvuelven correctamente y desarrollan esos fundamentos con sencillez y calidad.

La dificultad está en la expresión oral de aquello que saben hacer pero no saben describir.

Tal vez el fallo esté en nosotros, sus profesores. Demasiadas veces nos hemos limitado a la función de entrenador dejando a un lado la explicación clara y abdicando de nuestra posición de maestro. Les hacemos repetir gestos que no les hemos ayudado a analizar. Damos por sentado que van pasando etapas pero no nos aseguramos de que estas hayan sido comprendidas y asimiladas, no solo físicamente sino también intelectualmente. Por eso, cuando se ven sometidos a la prueba de explicar lo que hacen, ante un tribunal, se sienten cohibidos y se aturullan con explicaciones prendidas con alfileres unas semanas antes del examen.

Y, lo peor, a los pocos días, ya con su nuevo grado, olvidan esos angustiosos momentos y vuelven a pasar por ellos para el siguiente cinturón.